—Sobre lo de anoche, es culpa mía por no habértelo contado. Lo siento.
Leonardo la miró callado, sus ojos estaban oscuros, no sabía lo que estaba pensando.
Sin recibir su respuesta, Natalie continuó: —¿Qué tengo que hacer para que no te enfades?
Al ver que seguía sin decir nada, Natalie se levantó y fue a sentarse a su lado, cogiéndole de la mano le dijo: —No te enfades, ¿vale?
Leonardo no estaba muy enfadado, y cuando vio que Natalie le miraba con una ligera inclinación de cabeza, desapareció l