En ese momento Matilda también notó que algo le pasaba a Leonardo y poco a poco dejó de sonreír.
—Leo, ¿qué te pasa?
Cuando ya sólo quedaban ellos dos en el cuarto privado, Leonardo la miró y le dijo: —Siéntate.
Matilda se sentó frente a él, Leonardo levantó la copa de vino que tenía delante, —No he podido felicitarte antes por haber pasado la ronda preliminar.
Ante eso Matilda cogió otra copa de vino y sonrió tímidamente.
—Gracias, Leo.
Leonardo la miró con expresión gélida mientras se bebía el