El rostro de Rolando se tornó serio y pidió a su mujer que le trajera su mackintosh.
-Señorita López, tengo que ir a ver. Ustedes espérenme aquí.
Al ver la mirada preocupada de Rolando, Natalie asintió, -Bueno, señor Jerez, cuídese.
Rolando no dijo nada más, tomó su mackintosh, se lo puso y se fue con él.
Ellos pensaban volver en cuanto amainara la lluvia, pero no dejó de llover en toda la noche y Rolando no volvió.
La noticia de la lluvia torrencial de Ciudad Verde fue una noticia en primer lug