Ana estaba muy agotada y no rechazó, entregándole la maleta a Rolando.
—Gracias, señor Jerez.
Rolando sonrió, —De nada.
Llegaron a su destino media hora después, Ruyman y Ana estaban sudando y un poco mareados. Natalie, en cambio, respiraba con tranquilidad y no se le notaba en absoluto que acababa de escalar una montaña durante media hora.
Tras dejar la maleta de Ana, Rolando miró a Natalie y le dijo: —Señorita López, esta es la casa que le hemos preparado para que se queden los próximos días,