Los ojos de Rolando se iluminaron, su expresión no era tan apresurada como antes, sonrió y dijo: —Sí, todas son cultivadas por la gente del pueblo, sin pesticidas, así que pueden comerlas sin problema. Si les gustan, recogeré algunas para ustedes cuando se vayan.
—Bien, gracias.
—Entonces no les molesto, deja los platos vacíos en la mesa cuando terminen, luego vendré a limpiar y les llevaré a visitar el pueblo.
—Gracias.
Después de que Rolando se fuera, Natalie miró a Ana y Ruyman.
—Vamos a come