Cuando Milena deslizó su tarjeta para abrir la puerta de madera del salón de ensayo, las viejas luces fluorescentes zumbaban sobre su cabeza.
Frente al muro de espejos, el profesor Sanz rediseñaba las posiciones para "La Gaviota" de Chéjov, mientras un círculo de unos diez estudiantes estallaba en aplausos — una chica con vestido blanco acababa de recitar el famoso monólogo de Nina.
— Alto —interrumpió de repente el profesor Sanz golpeando el suelo con su libreto—. La intensidad emocional es suf