Pudo ver que Lucía ya no sentía nada por él, que simplemente no quería deberle nada.
Eso le hizo sentirse inexplicablemente decepcionado, pero se esforzó por mantener la calma y dijo sonriendo: —Vale, espero a que me llames.
Lucía asintió y salió del coche, entrando cojeando en el edificio.
Emiliano la observó impotente.
Sabía que la relación entre él y Lucía era cosa del pasado, pero aún así, quería dejar una pequeña huella en su corazón.
Después de marcharse, Emiliano no fue a casa, sino al ba