Lucía bajó del coche, dirigió a Emiliano una mirada agradecida y sonrió: —Gracias, Emiliano, esta vez te molesté mucho.
Emiliano agitó la mano y contestó despreocupado: —De nada, los amigos deben ayudarse.
Lucía asintió, se arregló rápidamente la ropa y corrió hacia el edificio, pensando: —¡Vamos, Lucía, tú puedes!
Y no muy lejos, Cleopa sostenía el celular y sonreía con suficiencia.
Rápidamente editó un mensaje con unas fotos que acababa de tomar y se lo envió a Indira Ávalos.
Indira era la muj