— ¡Mamá! No culpes a papá, es culpa mía, dame el libro de registro de hogares.
—Natalie, es tu felicidad para toda la vida...
—Lo más importante ahora es que Javier vuelva, nada más importa.
Vacilió bastante, y Michela le sacó el libro de registro de hogares a Natalie.
Mirando sus expresiones apesadumbradas, Natalie las consoló: —No se pongan tristes, aunque me case, luego podré divorciarme.
—Creo que es demasiado para ti...
Mirando a Natalie, los ojos de Michela no pudieron evitar enrojecer.
—N