Sintiendo que los ojos de muchos de los hombres del vestíbulo se posaban en ella, Nora sonrió y entró con frialdad.
Acababan de encontrar asiento y un hombre se acercó a saludar a Nora.
—Señorita Moreno, estás guapísima esta noche, casi no te reconozco.
Nora enarcó una ceja y bebió un sorbo del vino que le tendía, —Señor Ortiz, cambias de pareja cada día, me temo que los has perdido de vista. ¿Cómo te acuerdas de mi aspecto?
El señor Ortiz rio, —Señorita Moreno, no bromees, esas mujeres son muy