De vuelta a casa, cuando Natalie iba a descansar, recibió una llamada de Michela.
—Natalie, tu padre está herido, ven rápido al hospital.
—¡Voy enseguida!
Cuando Natalie llegó al hospital, las heridas del cuerpo de Ángel habían sido vendadas.
Natalie frunció el ceño cuando vio la gasa que aún rezumaba sangre de su brazo: —Mamá, ¿qué pasa? ¿Por qué papá está herido?
Michela suspiró: —Un agitado propietario de Ciudad Primavera estaba escondido en el garaje subterráneo, cuando tu padre salió del tr