Álvaro rio y se marchó.
Mafresa le miró fijamente a la espalda, se enfadó tanto que su cuerpo tembló involuntariamente.
—Mafresa, descansa un rato.
Mafresa giró la cabeza y miró a Leonardo, su tono era un poco agresivo, —Leo, ha venido a darnos asco a propósito. ¿Cómo puedes soportarlo?
Sin embargo, Leonardo la miraba con calma, —Estás cansada, ve a descansar.
—¡No! ¿De verdad dejamos que Álvaro nos intimide?
—¿Qué quieres entonces? ¿Discutir con él en el funeral y luego hacer del funeral una br