Si hubiera sabido que Emiliano y ella acabarían así, nunca habría salido con él.
Sin saber cuánto tiempo pasó, Lucía se tranquilizó, se levantó, y se sentó en el sofá.
Poco después, sonó el móvil.
Al ver que era su agente, dudó un momento antes de contestar, al fin y al cabo, tarde o temprano tendría que enfrentarse a la verdad.
La agente dijo ansiosa: —¡Mi amor, por fin has contestado al teléfono! ¿Sabes cómo me ha regañado el presidente estos días?
Lucía dijo en voz baja: —Lo siento, no estaba