Al ver a su hija tan firme, Aura se sentía eufórica, pero al mismo tiempo un poco preocupada.
—No les digas lo del chip tan pronto, si lo saben, no se sabe lo que harán para que se lo entregues, primero tienes que alojarte.
Paz cogió la mano de Aura y asintió: —Vale, no te preocupes, sé lo que tengo que hacer.
—Está bien.
—Hace mucho no vuelvo aquí, deja la ropa para que la lave la criada, ¡quiero comer la costilla agridulce!
—Sin problema, ahora mismo te la preparo.
Paz volvió, su espíritu de l