Capítulo 25: El muro de los quince días
La desaparición de Spencer en mitad de la reunión de hace dos semanas fue el principio de un invierno que no tenía nada que ver con la nieve de Londres. Cuando las puertas del ascensor se cerraron tras él aquel día, se llevaron también al hombre que me había acorralado contra su escritorio. Lo que regresó a la oficina tres días después no era mi amante, ni siquiera mi socio. Era una máquina de hielo con un traje de tres piezas.
Habían pasado quince días.