(Narrado por Spencer)
El aire viciado del depósito parecía haber sido reemplazado por una tensión que se podía cortar con un cuchillo. Casey estaba en mis brazos, su calor era lo único que me impedía perder la cabeza, pero la realidad de lo que acababa de suceder nos golpeaba con la fuerza de un mazo.
Violeta seguía en el suelo, sollozando y presionando su hombro herido, mientras Dominic la observaba con una mezcla de asco y fascinación.
—¿Y bien, Spencer? —insistió mi hermano, dándole un empuj