Capítulo Veinticuatro: Esposo, déjeme ir.
Marcus detuvo el beso, mientras Evana agachaba la cara, estaba tan sonrojada, que no podía sostener la mirada.
Marcus miró a Álvaro con rabia.
—¿Qué quieres? ¿No sabes llamar a la puerta?
—Es que… mi abuela, ella te espera abajo —titubeó Álvaro con rabia, sentía que estaba lleno de furia al ver esa escena.
Marcus asintió.
—Volveré, mi amor, espérame despierta — guiño n ojo, el beso su frente y salió tan rápido.
Lo dijo para molestar a Álvaro y al ver su cara supo que lo consiguió.
Cerró