—Por favor, Jonathan, no me odies, lo hice por amor, no es justo que ella tenga todo, te tiene a ti, tu dinero, todo lo que yo siempre soñé.
—¿Acaso te escuchas? Eres una mala persona, Aranza, creí en ti.
—Perdóname.
—¡Nunca lo harè, dañaste a quien amo, nunca te perdonaré!
—Lo siento, no quise, recuerda nuestra promesa, cuida a mi hijo.
—¡Romperé mi promesa! No voy a cuidar al hijo de una asesina, ¿me oyes? Lo enviaré a un orfanato, al final, tu hijo terminará en donde temías, será mi mejo