—¿Se conocen, mi amor? —exclamó Brianda con sorpresa, alzó las cejas y mirò a Margaret con repudio—. ¿Me gustaría saber como es que mi prometido conoce a una asquerosa vendedora de dulces? —espetó
Bennett mirò a Margaret fijamente, sus ojos eran grandes, la miraba con estupor, pero los recuerdos de la mentira y el dolor vivido vinieron a él, como una ráfaga repentina, que provocó que sus ojos se volvieran severos.
—No, no la conozco, confundí a esta vendedora con otra persona, pero no es ella,