—Lo siento, es mejor no decir el nombre, pensé mucho, pero ¿Para qué? No arruinaré la reputación de un hombre, más que por él, por su familia, aunque confío en que la vida le dará su merecido —dijo Evana sonriente.
—Es usted una mujer inteligente, señora Ford, tiene razón, en esta vida, es seguro que ese hombre pague por el daño causado.
Evana sonrió y degustó su comida, mientras Fátima, Stella y Nicol posaban su mirada severa en ella.
Al salir del salón, se detuvieron en una estancia, los oj