Evana y Marcus caminaban por los jardines, había un silencio que parecía interminable.
—¿Cómo te fue en la comida con las distinguidas damas? —preguntó irónico.
—Bueno, no tan bien, pero pude defenderme.
Marcus la miró de reojo, sonrió al escucharla.
—Eso es bueno, aquí siempre deberás defenderte, nunca sabes con que novedad saldrán estás serpientes.
Evana sonrió.
—¿Crees que tienes segura la presidencia?
Marcus se detuvo, recordó el pasado.
Hace cinco años, Álvaro terminaba la universid