Margaret y Evangelyn fueron a la cafetería, pero todo el tiempo ella estaba nerviosa.
—¿Estás bien, Evangelyn?
—Lo siento, estaba aquí por ti, y mírame a mí, olvídalo, cuéntame, ¿Qué pasa? Mi hermano te ama, él a ti, ¿Por qué no te veo totalmente feliz? —exclamó Evangelyn
Margaret solo sonrió.
—Es cierto, soy una tonta, debería estar muy feliz, pero, es que no sé, a veces pienso si de verdad merezco el amor de Bennett.
Margaret sonrió.
—¡Claro que sí lo mereces! Él es quien debe estar preo