Capítulo Dieciséis: Si desprestigias a una mujer, te desprestigias a ti mismo.
Álvaro sintió que el odio lo consumía, miró a Nicol y tomó su brazo.
—¡Trajiste lo que te pedí! —exclamó
La mujer asintió, abrió su cartera y le mostró un pequeño gotero, los ojos verdes del hombre brillaron con malicia
Tomó el frasco y se alejó.
«Ya veremos cuánto te va a durar tu buena vida, Evana, pagarás caro, haré que dejes de ser una Ford, pero ¿Quién sabe? Tal vez te dejaré destinado un lugar en mi vida, ahora que el título de amante quedó vacante», pensó sonriente.
El baile terminó,