A la mañana siguiente
Cuando Evana abrió los ojos, sintió que la arropaba un raro calor, olió ese perfume de menta y maderas.
Se enderezó al instante, y lo miró ahí, a su lado, en esa cama, ella abrazada a su pecho, él abrazando su cuerpo.
Evana aún tenía ese vestido maltrecho, sintió vergüenza, sus mejillas se pusieron rojas, se alejó poco a poco, sin apartar su mirada de ese hombre, dormido era tranquilo como un pequeño bebé, sonrió al pensarlo.
Marcus Ford era un hombre muy guapo, debía t