Evana subió a la habitación, Marcus estaba arreglado para la cena, y la miró, frunció el ceño, confuso.
—¿Qué sucede? —exclamó al verla tan intranquila
—Pilar está abajo, dice que olvidaron revisar unos contratos.
—¿Contratos? ¡Oh, rayos, lo olvidé! Sí, cariño, debo ir, no tardaré mucho, cariño, luego cenaré.
—Te espero.
Él sonrió con dulzura al escuchar las palabras de su esposa.
—No, cena, mi amor, luego lo haré yo, no te malpases por mí.
Ella le miró con tristeza
—¿Qué pasa?
—Pilar l