—No es mi intención dañar a Sabrina, ni tampoco ofender al apellido Ford, señora Fátima, pero…
—¡¿Qué ocurre aquí?! —exclamó Andrés, al entrar
—¡Oh, querido! Debes escuchar esta horrible infamia.
—Padre… —balbuceó Sabrina con lágrimas en los ojos.
Andrés la vio tan débil y sintió dolor por ella.
—¡Ya basta, Fátima! Doctor Grimm, ¿Qué hace aquí? ¡salgan ahora mismo! No ven que mi hija está delicada.
Fátima y Jonathan tuvieron que salir de la habitación.
Andrés acarició los cabellos de su h