—¡Marcus! ¿Dónde estás? —exclamó Evana
—Estoy aquí, mi amor, ¿Estás bien? —exclamó Marcus con voz temblorosa
—Sí, ¿Y tú?
—Estoy bien, resiste, mi amor, no dejaré que nadie te lastime.
Ellos no podían ver que estaban atados en una silla, uno tras el otro.
—¡Tengo miedo, Marcus! Pero, si estoy contigo, nada me importa.
—No, mi amor, nada malo nos pasará, confía en mí.
Marcus sentía que su corazón latía muy fuerte, nunca sintió esa clase de miedo, y ahora se sentía como un tonto que había ar