Evana abrió los ojos, sintió que despertaba de un sueño profundo, pero luego recordó la pesadilla, se irguió asustada.
—¡Marcus! —gritó con desespero.
EL hombre salió del cuarto de baño y corrió hacia ella.
—Calma, estoy aquí —dijo el hombre con voz dulce, acercándose a ella
Ella se abrazó a él con fuerzas, encajó sus uñas a su piel y él la detuvo.
—¡¿Qué haces?!
—No quiero estar soñando —dijo sintiendo el dolor en su piel.
ÉL acarició su rostro, la miró con ternura, odiaba verla sufrir,