Cuando Jonathan despertó, Sabrina no estaba en la cama, se enderezó asustado.
—¡¿Habrá escapado?!
Minutos despues de decirlo, sus palabras le sonaron estúpidas, ¿Por qué ella se iría de su lado? Negó.
Se levantó y fue a buscarla, al salir un olor delicioso a café recién hecho y dulce invadió su olfato, siguió el olor a la comida, y la encontró sirviendo la comida en la mesa.
Ella sonrió al verlo.
—Toma asiento, tengo tu comida lista.
Él sonrió.
—¡Qué locura! No suelo desayunar casi nunca.