El ascensor llegó al último piso con un zumbido suave, pero el corazón de Isabella retumbaba con una fuerza que nada tenía de mecánica. Apretó la carpeta contra su pecho y respiró hondo antes de que las puertas se abrieran. El pasillo, elegante y silencioso, parecía más largo de lo habitual. Era su segundo día formal como asistente en el equipo ejecutivo, y ya sentía que su presencia ahí era una provocación para alguien.
Apenas había dormido. La rabia la mantuvo despierta, dándole vueltas a cad