12. Misterioso.
Naira.
Abrí los ojos lentamente y sentí un escalofrío que recorría mi piel al recordar dónde estaba. La habitación estaba sumida en penumbras, y el aire se sentía pesado. Me acomodé la ropa como pude, tratando de sacudirme el sueño que aún me rondaba. El señor Karl no estaba, lo cual me alivió, pero ese sentimiento solo duró unos segundos. A cada paso que daba en esa casa, sentía como si caminara sobre el filo de una navaja.
Caminé hacia la ventana y la abrí apenas un poco, dejando que el aire