Karl.
Durante años pensé que la vida no tenía nada bueno para mí. Mi infancia estuvo marcada por el maltrato, la humillación y el odio de mi propio padre, el hombre que, según yo creía, debería amarme por ser su único hijo. Pero lo único que recibí de él fueron golpes y desprecio. Un odio que no comprendía en su momento, pero con los años entendí que él solo era un hombre lleno de resentimiento, un ser que buscaba dominar a los más débiles, a los pobres, a los necesitados, incluso a mí, su hijo