40. Derrotado.
Naira
Sentía mis pies entumecidos por la incómoda posición en la que llevaba horas. Cada músculo de mi cuerpo pedía descanso, pero el pánico no me dejaba pensar con claridad. Sabía que estaba dentro de un barco; el vaivén del agua y el constante murmullo de las olas me lo confirmaban. No podía ver mucho, solo percibía la oscuridad opresiva de la bodega y los sonidos de pasos pesados sobre la cubierta. Afuera, el bullicio de los hombres que manejaban la nave resonaba como una amenaza constante.