―¿Qué dijiste? —la pregunta de Selene parecía cautelosa, mientras Zander, lleno de pánico, sintió cómo su corazón inició a latir como loco; el deseo de acabar con aquella mujer lo poseyó.
Incluso llegó a sentirse completamente arrepentido de haber escuchado a su asistente, pues Baker no pudo controlarla; el hecho de que ella estuviese allí, frente a él, solo era una muestra de que Ariadne no se iría sin dar una lucha.
Y por esa razón, no le iba a dejar más opción que acabar con ella si era prec