Ciudad A amaneció bajo una calma extraña, casi antinatural. No había sirenas de policía, no había manifestaciones en la Plaza de los Cónsules, ni murmullos en los pasillos de la Gran Sede.
El exterminio sistemático de los trece Ancianos durante la "Noche de los Cuchillos Largos" había dejado un vacío de autoridad que solo el nombre de los Perseus llenaba ahora.
Las calles estaban patrulladas por hombres de negro, la guardia personal de Zander, que ahora actuaba como la única ley efectiva en el