El clic de la puerta al cerrarse resonó en el silencio de la suite como el percutor de un arma cargada.
Tras la cena con el Consejo, donde la adrenalina de la humillación pública aún corría por sus venas, el aire entre Selene y Zander se había vuelto denso, cargado de una electricidad estática que hacía que el oxígeno mismo pareciera escaso.
Zander no esperó a las formalidades. Se deshizo de su chaqueta de esmoquin con un movimiento impaciente, dejando que la prenda de seda cayera al suelo mien