El trayecto de regreso a la mansión fue un desierto de palabras.
El aire dentro del auto blindado era pesado, impregnado del aroma del perfume de Selene y el olor a tabaco y poder que siempre emanaba de Zander.
Él mantenía la vista fija en la carretera, con la mandíbula apretada y una calma que Selene sabía que era solo la superficie de un volcán a punto de estallar.
—Tendrás una cena con los nuevos ancianos del Consejo mañana —dijo Zander finalmente, su voz cortando el silencio como un bisturí