La rueda de la fortuna se detuvo en el punto más alto, suspendida en un vacío que reflejaba exactamente cómo se sentía Selene: atrapada en la cima de una mentira.
Las lágrimas se agolparon en sus ojos, quemando como ácido, pero se obligó a parpadear con furia.
Se negó a romperse frente a él; no le daría el lujo de ver su devastación total. Con una valentía que le desgarraba la garganta, asintió a las palabras de Zander.
―Bien, que así sea. Terminemos… es lo mejor.
Selene intentó ponerse de pie