El llamado del deber.

El llamado del deber.

El segundo intento para salir de ese embotamiento me fue más llevadero y relajado. Para cuando desperté ya estaba clara de donde me encontraba y por suerte para mí, para ese momento se encontraba la doctora en mi habitación.

―Buenos días, señorita Reyes.

―Buenos días, doctora ―le respondí esforzándome con una sonrisa que no sé bien de donde me salió. El dolor en mi espalda ya había desaparecido y solo me quedaba un cansancio pesado que era el producto de haber dormido más
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