Capítulo 52.
El sorbo que Adelina le dio a su café la hizo apretar los párpados; ni siquiera sabía por qué lo había comprado, pero necesitaba algo que la hiciera reaccionar y no mantener la mirada perdida.
Nixon había salido de su operación minutos antes y, al menos, eso había calmado a todos en esa sala. Sin embargo, las acusaciones contra ella seguían lanzándose. De alguna manera, lograban afectarla.
Podría ser el agotamiento de esperar durante horas en ese lugar o la sensación de soledad, pero aún así no