Capítulo 205.
La alarma apresuraba a todos, mientras el director hacía lo mismo hasta llegar a la celda del prisionero portugués que estaba sobre una camilla, en la cuál ya lo habían colocado los guardias. El doctor movió la cabeza y el director se acercó.
Boris tenía los labios morados, su piel fría y nulo pulso.
—¿Cómo lo envenenaron? —cuestionó y nadie supo responder. Se aseguraban de que nadie llevara consigo el mínimo objeto. Las revisiones eran continuamente, por lo que no había explicación.
—No pue