Capítulo 204.
El auto se detuvo bruscamente, y el silencio que siguió sólo les permitió escuchar ese ruido en sus oídos que los hizo apretar los ojos. Lina sintió un dolor agudo en la cabeza, y el sabor metálico de la sangre llenó su boca. El olor a gasolina y humo invadió sus fosas nasales, mezclándose con el polvo levantado por el accidente. Su abuelo estaba aturdido, con un hilo de sangre corriendo por su frente, y trataba de recuperar la compostura. Ambos sabían que no tenían tiempo que perder.
—¡Abuelo,