Una guerra silenciosa (4ta. Parte)
Tres días después
New York
Gabriel
Cuando alguien está acorralado, agacha la cabeza derrotado o explota a los insultos. No hay más opciones… o eso pensé. Porque Claire cambió el juego en un parpadeo.
Primero quiso defenderse de mis acusaciones —y era casi divertido verla intentarlo—, pero no previne que la fiera sacara las garras. Me desafió a exponer su relación con el animal de Alexander.
Y perdí la compostura. La sujeté del brazo con brusquedad, sintiendo cómo tensaba el cuerpo para soltarse