El precio del silencio (3era. Parte)
El mismo día
New York
Alexander
Supongo que todos necesitamos ver para creer en algo. Tal vez por eso resultaba tan difícil aceptar la muerte de mi padre: nunca encontramos su cuerpo, ninguna prueba real, nada que confirmara su deceso. Solo un hueco en la historia. Al contrario, había un sinnúmero de dudas: el poco interés de mi madre en esclarecer el misterio, su frialdad calculada, y aquel anuncio de comprar las deudas de Henry Beaumont.
Nada tenía sentido. Pero el detonante fueron los último