El precio de la sangre (1era. Parte)
Al día siguiente
New York
Victoria
Para muchos, la frialdad era falta de sentir, pero para mí se volvió mi tabla de salvación. Un refugio donde mi corazón dejó de sangrar, donde podía mantener el control y sostener el estilo de vida que me correspondía. Sin embargo, Elizabeth no lo comprendía. Cuestionaba mi aparente indiferencia por la muerte de su padre, sin conocer —ni imaginar— el calvario que padecí en un matrimonio impuesto, con infidelidades tan frecuentes como las fiestas que él organiz