Alejandro estaba completamente en pánico.
Agarraba muy fuerte el teléfono, y su rostro se tornó lívido.
¿Valeria había cambiado su identidad?
¿De verdad pensaba irse para siempre?
No, es imposible, ellos se habían amado tanto, ¿cómo podría abandonarlo?
Arrojó el móvil contra el suelo. Todo lo que vio estaba en rojo; se negaba a creer que Valeria lo dejara.
Al salir de la casa, se topó de frente con Lucía. Ella sostenía una caja y sus ojos estaban húmedos.
—Alejandro, esto lo mandó la hermana. ¿Q