—No sabes cuánto me alegro de que no seas mi padre, así no tendré que pagar tus malditas deudas.
—Buen punto —acotó Alfonso.
Bladimir tembló y se arrepintió de haber confesado la verdad.
—Pero eso no te librará de mí. Eres mi esposa y te atreviste a traicionarme. Estuviste viviendo con el niño de cara bonita durante todo este tiempo, y eso nunca te lo voy a perdonar.
—Tampoco me interesa tu perdón —bramó Aurora con los ojos iluminados.
Alfonso apretó los dientes y se acercó a ella. Volvió a pre