Noelia me abrazó con fuerza. Un abrazo largo, cálido y sincero, de esos que solo pueden dar las personas que han decidido quedarse para siempre en tu vida para sostenerte.
Cuando nos separamos, respiró hondo y sonrió haciendo un pequeño esfuerzo para aligerar la pesadez del ambiente.
— Voy a avisar a África para que sepa que ya estás aquí. Nos vendrá bien estar un rato juntas las tres en el salón antes de que tengas que irte a trabajar con Ben.
Asentí en silencio. Aquella idea me reconfortó al