30 Eros.
—Yo no. —y eso sonó como lo que era, una amenaza, él debía cuidar su vida, porque Candy lo seguiría al cielo o al infierno, no lo dejaría jamás.
—Candy, relájate o Eros se pondrá nervioso también. — la joven suavizo su rostro de inmediato, le encantaba cuando Amir decía el nombre de su hijo con tanto amor.
—Tienes razón, disculpa. Iré a preparar la cena.
— ¿Cocinas? — Emir no pudo evitar preguntar y es que su exesposa jamás cocino nada, decía que para eso estaban los empleados.
—Así es, Can