Capítulo 58. Verdades con filo.
Al llegar a la Unidad de Cuidados Intensivos, las puertas dobles se abrieron con violencia bajo su empuje. Alessandra, que permanecía como una estatua junto al vidrio de la habitación, se puso de pie de un salto al verlo. Sus ojeras eran profundas, pero su mirada se encendió al ver a su hermano.
—¡¿Por qué carajos no me avisaste?! —rugió Héctor, deteniéndose frente a ella con los puños cerrados.
—Él lo prohibió, Héctor —respondió Alessandra, con la voz quebrada pero firme. —Me ordenó que no vol